domingo, 19 de julio de 2015

LA CIUDAD DE LOS ARBOLES QUE YA NO LO ES Riolama Fernández, Biol. M. Sc


En 1995 asistí emocionada al bautizo del libro “La Ciudad de los Arboles” escrito por el Dr. en Ciencias biológicas Leandro Aristiguieta, fundador del jardín Botánico del Orinoco. Estaba realmente feliz porque alguien estaba valorando y colocando en su justa dimensión lo que por doce años había extrañado, los arboles de mi ciudad natal, Ciudad Bolívar. Mientras estudié en Cumana, reconozco que no extrañé al Orinoco porque el mar y el sol me cautivaron, pero tanto ver los yaques, cactus y esa esquelética y desértica vegetación característica de Cerro Colorado, me hicieron vivir añorando la riqueza, frondosidad, exuberancia y colorido de los árboles de mi ciudad.

El libro de Leandro Aristiguieta empieza asi: “ Muchos árboles de Ciudad Bolívar sobresalen por lo vistoso y llamativo de su floración, como araguaney, apamate, flor de la reina, cañafístolo, guamacho, samán, roble, pilón, bototo, araguán, guayacán, josefino, guatacaro y paraíso”… “En contraposición existen también numerosos árboles cuya floración es imperceptible o poco llamativa, pero en cambio tienen formas atractivas y de abundante follaje como el merecure, algarrobo, caoba, cautaro, jobo y tantos otros más”.

El Editor, Ediciones al Sur, en la contraportada expresa que “el libro nos conduce al laberinto botánico de Ciudad Bolívar”…”por donde y a donde se vea, en la antigua Angostura se alza una magnifica flora, que además establece un reinado inagotable, un jardín de formas que da cuenta de su riqueza fundamental y fundacional. Y que igualmente otorga, sombra, respiración y alimento. Por otra parte, también representa un logro al organizar, de acuerdo a postulados científicos, una información sobre la botánica local…”.

A partir de 1995 comencé a ver con tristeza como poco a poco se iban talando árboles emblemáticos y representativos de los lugares de la ciudad, una esquina, un negocio, una avenida, una dirección: “donde está la mata de tamarindo” era la manera usada para dar direcciones, “donde está la mata de josefina a la derecha” “allá donde está la mata de mango, al frente”. Más tarde las direcciones eran “donde estaba una mata de almendra, por ahí” “donde estaba la mata de ceiba”, al punto que ya uno no sabe dónde queda nada porque ya las matas no están, resulta que el dueño del negocio cortó la mata de mango del frente porque el vendedor de CDs se paraba a vender allí y como le molestaba el ruido la cortó, pagó la mata por dar sombra al vendedor. Cortan árboles para que no den sombra a otros que te molestan, así de asesinos, así de intolerantes, así de descompuestos, así de malos.

Más adelante Elebol por ahorrarse costos de poda de árboles y tendidos eléctricos subterráneos pues comenzó con el corte asesino, indiscriminado e irracional porque las frondas se pueden enredar en los cables y pudieran causar problemas y los haría trabajar más, una medida demasiado drástica para ser una medida preventiva, con la anuencia de los entes competentes para dar autorizaciones de corte. Como experta ambiental afirmo que una medida preventiva jamás debe ser drástica y también por eso digo que las autorizaciones otorgadas a ELEBOL para diezmar la vegetación de Ciudad Bolívar han sido irregulares y violan todas las normas tanto técnicas, ambientales y urbanas y hasta la Ley Orgánica de Procedimientos Administrativos y la Ley de la Función Pública, Quiero decir con esto que quienes han firmado tales autorizaciones lo han hecho de manera irregular y a mi juicio deberían estar presos por asesinos, en la conciencia que los árboles son seres vivos que nos dan vida (oxigeno, sombra, alimento, belleza y hasta historia y tradición).

No solamente entes del Estado atentan y arremeten contra los árboles, también vecinos enemistados cortan los limoneros, tamarindos, ciruelos, mamón y poncigués  porque las ramas con frutos caen en el patio de la casa de al lado y no en el suyo y les da rabia que el vecino coma los frutos de la planta que el siembra y riega. Así de asesinos, así de egoístas, así de mezquinos, así de malvados.

También hay árboles que enferman por falta de cuidados fitosanitarios que debería ser responsabilidad municipal si los arboles están en áreas urbanas, si están enfermos constituyen un riesgo y a veces hay que cortarlos antes que caigan muertos y causen daño. A veces hay necesidad de cortar árboles porque la raíz rompe casas, calles o aceras. Otros necesitan cortar para poder construir.

La competencia para autorizar corte de árboles ha oscilado entre el Ministerio del Ambiente y la Alcaldía del Municipio Heres. El rol del Ministerio del Ambiente de emitir autorizaciones para afectación de los recursos naturales para actividades humanas como minería, industria, agricultura, forestal, construcción y otras no le da abasto para encargarse de autorizaciones simples de uno o varios árboles que quedan delegadas a la competencia municipal ya que rige el área urbana, y ha sido bajo la competencia del Municipio cuando ha ocurrido que los árboles de Ciudad Bolívar hayan sido diezmados. Es importante destacar que la autorización de corte de árboles queda sujeta a un diagnostico e intervención del Cuerpo de Bomberos quien comúnmente toma las medidas de prevención de riesgos y tiene las herramientas. Asimismo el Jardín Botánico del Orinoco suele prestar apoyo en cuanto a diagnósticos de enfermedades en los árboles que deberían ser considerados para emitir una autorización de corte, ya que se cortan arboles sanos, lo cual constituye un crimen.

Es importante destacar el rol conservacionista y protector de los zapateros de la ciudad quienes hacen su trabajo bajo la sombra de los árboles, sin embargo, en algunos casos este techo natural no ha sido respetado por ELEBOL, como le ocurrió al zapatero del Estadio Heres frente al Hotel Edi, que por intentar impedir que cortara el árbol que daba sombra a su quiosco, le cortaron un dedo con la motosierra, ese árbol fue cortado junto a su dedo y el zapatero sigue haciendo su trabajo en el mismo lugar pero bajo el sol inclemente de Ciudad Bolívar.



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